sábado, 19 de mayo de 2012

18.04 Cánones del gusto

Sesión 21
Texto revisado: Thorstein Veblen, Teoría de la clase ociosa, VI

Bitácora versión de Magaly Alcántara

La clase del día 18 de abril se analizaría el capítulo 6 del libro “Teoría de la clase ociosa” de Thorstein Veblen.  La clase fue abierta bajo la ronda de preguntas sobre el texto, a lo largo de este momento surgieron inquietudes sobre qué tanto repercute el gasto ostensible sobre la moralidad., esto es, en qué medida las disposiciones económicas afectan a la moral de una sociedad. A este respecto, se hizo mención a Max Weber en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo.

La clase se orientaría bajo tres puntos. Primero se vería la relación del decoro y los objetos, el segundo punto sería para mostrar cómo los cánones de belleza son influidos por el principio del derroche ostentoso, y el tercer punto sería dirigido a saber cómo se constituyen las expresiones del ocio ostensible.

Para Th. Veblen el ser humano guarda un instinto innato que lo mueve a querer siempre compararse con los que lo rodean. En un principio cuando este se agrupaba bajo sociedades reducidas la manera en que buscaría imponerse y resaltar ante los demás sería mediante una ostentación de sus hazañas a partir de un «trofeo». Al paso del tiempo las sociedades fueron incrementando su densidad de población, por lo que habría que cambiar la forma en que el hombre buscara llenar su afán de reconocimiento. La transición en la forma de mostrar la ostentación estaría dada bajo el principio de un cierto tipo de consumo, donde no se consume simplemente lo básico o necesario, sino de derroche: un consumo que mediante los objetos y mercancías adquiridas reflejara la riqueza del consumidor. Este consumo ostensible marcará y dividirá a ciertos grupos sociales con otros, donde el consumo debe ser acorde al nivel de vida y grupo social al que se pertenece.

El principio del derroche ostensible ha llegado a influir en nuestra manera de percibir lo bello, como resulta visible en diversos ejemplos cotidianos donde la belleza de algún objeto está en buena medida determinado por su valor económico: un precio elevado es señal de algo honorable, de manera que se da una distorsión entre lo honorable y lo bello. Se puede notar el reflejo de un gasto honorable que de forma indirecta se le imputará un valor social. En la idea colectiva llegarán a ser admirados y estimados los objetos costosos como bellos. El consumo que se realice estará determinado en función de adquirir cierta reputación honorable. El consumir cierto tipo de objetos ayudará a que adquiramos esa reputación pecuniaria. Podemos ejemplificar esto con las flores: las flores que serán más valoradas y apreciadas por la sociedad serán las que tengan un precio económico elevado, en cambio las flores silvestres y abundantes, aun cuando sean poseedoras de una cierta belleza, serán rechazadas socialmente por no estar delimitadas en torno a la ostentación.



[Añadido 28.05.12]

Versión de Anaid Mora

La pregunta inicial de la sesión fue la siguiente: ¿Lo económico sustenta lo moral? Según Marx sí, lo económico sustenta lo moral. Según Weber, en cambio, parece que lo moral sustenta lo económico. En la perspectiva de Veblen en cierto sentido sí, lo económico sustenta lo moral. Pero él lo ve más como una influencia en término medio, o mejor dicho en una dependencia mutua. Por ejemplo: El bien, la belleza y la verdad están en función de lo económico. Pero en otro sentido no lo es porque ese modo de actuar no es el porqué de cómo actuar. O sea son juicios morales que están en función de que el bien, la belleza y la vedad demuestren la dignidad. Bajo esta función está el afán oscuro de reconocimiento y comparación ante lo demás. El modo predominante de reconocimiento hoy en día es tener más. O sea, que no es ese tener más lo que mueve a consumir más, sino ese afán de reconocimiento y de ser más que el otro.

En clase el profesor desarrolló dos puntos (el tercer punto que había contemplado lo expuso la siguiente clase):

1) El decoro y los objetos
2) Canones de belleza

El decoro y los objetos

El ser humano siempre ha tenido la necesidad de competir. Po lo cual, desde que las sociedades eran pequeñas el hombre busco la forma de ser reconocido. Este reconocimiento lo encontraba al hacer alguna hazaña o actividad digna y por ello ganar y conservar un trofeo. Se le llamaba hazaña a toda actividad que tenía que ver con sustancias vivas, o sea donde ponía en peligro la vida de la persona. Es por eso que las actividades masculinas eran consideradas dignas, pues las actividades femeninas no tenían ningún peligro. Por lo tanto las actividades que realizaban las mujeres eran indignas.

El primer trofeo del hombre por realizar actividades dignas fue la mujer. Después, las sociedades fueron creciendo y ya no era tan fácil obtener el reconocimiento, por lo tanto se tuvo que recurrir a otra técnica de reconocimiento, que son ahora el ocio y el consumo ostensible, que ahora son las expresiones propias de la dignidad que reflejan la riqueza de la persona y por tanto qué tan digna es esta.

Una de las formas de consumo ostensible es el decoro, que es el que refleja el nivel de vida al  consumir lo que este nivel exige. El decoro es una especie de hábito mental que está en función del significado de bueno, bello y verdadero.  Lo hecho a mano es más decoroso –por ser caro– que lo hecho a máquina.

Cánones de belleza

Los juicios de belleza a propósito de un objeto están en función del valor económico que posee ese objeto. Aquí vuelven a interferir los hábitos mentales, por ejemplo, lo barato es indigno y feo, y lo caro es honorable y bello.

Una de las preguntas que surgen a la hora de hablar de trabajo digno e indigno en modo de curiosidad es si el sacerdote hace un trabajo digno o indigno. La clase sacerdotal requiere cierto tipo de dignidad para realizar su oficio. Mientras más indumentarias inútiles tenga la iglesia, más digna es la religión. Es decir, la clase sacerdotal entra en lo que se denomina ocio vicario, que es el ocio representante del amo. En otras palabras, en qué tan ocioso es el sacerdote se verá que tan digno es Dios.

lunes, 14 de mayo de 2012

Entrega de trabajo final

La sesión del miércoles 23 de mayo será la última ocasión en que recibiré propuestas de trabajo final con la síntesis y el esquema correspondientes. Su ensayo debe responder la pregunta por el sentido de competir para la formación del ser humano. Los requisitos formales del escrito que entregarán el 1 de junio a las seis de la tarde en la zona exterior de la cafetería de la facultad son los siguientes:
  1. Entre 3200 y 3800 palabras
  2. Sin portada
  3. Márgenes: superior 3cm; inferior 3cm; izquierdo 2 cm; derecho 4 cm
  4. Letra tipo FreeSerif, FreeSans, Liberation, Arial, Times News Roman
  5. Tamaño de letra: 12 puntos
  6. Interlineado doble
  7. Forma de citación: pie de página con ficha completa (consultar el texto de U. Eco, Cómo se hace una tesis, en especial el cuadro 1 de la sección III.2.3)
  8. Hojas sin engrapar. Utilizar un clip
  9. Impresión por un solo lado
  10. Título del ensayo
  11. Páginas tamaño carta, numeradas
  12. Especificar al final del documento el número de palabras (únicamente del texto, sin incluir título(s), nombre del autor, notas al pie ni bibliografía)
  13. Anexar esquema aprobado o con modificaciones.
También deberán enviar a mi cuenta de correo electrónico, ese mismo día, los archivos del ensayo y del esquema-síntesis.

Quienes no cuenten con sus participaciones (en el blog y en el aula), bitácoras o resúmenes, podrán acceder a la máxima calificación si por cada tarea no entregada añaden 500 palabras a su trabajo. El domingo 27 de mayo por la tarde publicaré la lista definitiva con las cantidades mínimas que cada quien deberá redactar para aspirar al diez.

domingo, 13 de mayo de 2012

Resumen: Simmel, La lucha (1a. parte)

Georg Simmel, «La lucha» en Sociología, Estudios sobre las formas de socialización, Tr. J. Pérez Bances, Madrid, Revista de Occidente, 1927, pp.9-99.

Resumen de Mauricio Prado
(correspondiente a la primera mitad del texto)

La lucha es una forma de socialización y, por ende, una forma de unificación social. Comúnmente se piensa que la lucha es una forma que actúa en contra de una unidad, que es una fuerza opositora a las fuerzas de cohesión. Pero la lucha, como fuerza opositora, es necesaria en la sociedad para mantener un orden, de la misma manera en que una burbuja necesita de la resistencia de su superficie como de la presión del aire interna para mantener su figura. Los antagonismos, como elementos de la lucha, impiden que se borren las diferencias dentro del grupo y además cuando existe una oposición se provoca la sensación de no estar completamente oprimidos, permite adquirir una conciencia de fuerzas.

No debe verse a la lucha como algo externo a la sociedad, o como una fuerza externa que trata de romper la unidad. La lucha debe entenderse como un elemento propio e intrínseco de la unidad social. Un buen ejemplo de esto son las relaciones eróticas, las cuales parecen sólo entretejidas por sentimientos de estimación, pero en ellas hay también mucho de aversión: sin embargo, ambos sentimientos, el amor y el odio, constituyen parte fundamental de la relación, son una unidad. 

Es claro que hay situaciones en las que existe la lucha pura, esto es sin ningún otro aspecto socializador. Cuando estas luchas se orientan hacia el aniquilamiento, se aproximan al caso extremo del exterminio, en que el aspecto unificador se reduce a cero. Pero tan pronto como aparece alguna consideración, un límite de violencia, nos encontramos ya ante un aspecto socializador: este es el caso de las guerras. En los conflictos no se busca exterminar al contrario, sólo someterlo y obtener del vencido algún beneficio, por ejemplo, el Tratado de Versalles que se le impuso a Alemania después de la primera guerra mundial. En estos casos se pelea por algo, por un objeto de deseo. Sin embargo, existe otro caso extremo en el cual se lucha por el simple placer de combatir; este caso es más peligroso porque parece determinado formalmente por un cierto instinto de hostilidad. Este instinto de hostilidad parece “natural” en el ser humano y va de la mano con el espíritu de contradicción, que se da de manera casi inconsciente. Es por esto que podemos reconocer un instinto de lucha a priori, si se toma en cuenta los motivos mínimos y hasta ridículos que originan las luchas más serias. Por la facilidad con que se sugieren sentimientos hostiles es claro que existe un instinto humano de hostilidad.

Ahora bien, ninguna lucha seria puede durar mucho sin el auxilio de un complejo de impulsos anímicos, que se van produciendo lentamente. La pureza de la lucha, por el placer de la lucha, sufre contaminaciones de intereses objetivos. Solamente en el caso del juego podemos decir que no hay ningún premio de victoria, se lucha por simple hecho de luchar, aunque cabe señalar que para que se dé un juego debe haber cierta unificación, pues los hombres se reúnen para luchar bajo ciertas normas y reglas. Con el ejemplo del juego podemos ver claramente el efecto unificador de los opuestos que se mencionó anteriormente. 

En suma, podemos observar dos escenarios: o bien que la lucha gire en torno a cuestiones puramente objetivas, quedando fuera de ella y en paz todo lo personal, o bien que la lucha esté marcada por un interés personal, sin que por ello sufran alteraciones o disidencias los intereses comunes a las partes. Es decir, que en el caso de una lucha personal, esto no afecta el objetivo por el que supuestamente se está peleando. Este género de lucha, en la que actúan todas las fuerzas de la persona, pero cuyo triunfo redunda en beneficio de la causa, tiene un carácter distinguido. Un buen ejemplo de esto podemos verlo en una lucha entre científicos por una verdad científica: en este caso la lucha personal sirve para que las partes involucradas pongan un mayor empeño para derrotar al contrario. Esta enemistad termina ayudando a la causa que, en este caso, es la verdad científica. Claro que esto no siempre sucede así, porque hay ocasiones en las que el egoísmo o el afán de victoria son mayores entre los contrincantes que la lucha justa, y entonces se recurre a una lucha desleal.

Hay un caso interesante: cuando en un grupo cuyos miembros comparten similitudes se producen las disputas más fuertes por motivos menores. Una explicación a esto es el deseo de diferenciación, ya que en un grupo donde todos tienen algún factor en común, el individuo siente la necesidad de diferenciarse de los demás. Frecuentemente los motivos de disputa son de lo más banales.

Aquí vemos otra función de la lucha; y es diferenciarse de los más cercanos, porque si se coincide en todo se pierde lo individual. Las disputas familiares o maritales cumplen el propósito de marcar distancia respecto del otro y así preservar la relación. Este es otro aspecto en el que podemos ver que la lucha es un factor de unificación.

miércoles, 9 de mayo de 2012

02.05 Socialización y necesidad del conflicto

Sesión 25
Texto revisado: Georg Simmel, La lucha (1a. mitad)

Bitácora versión de Mauricio Prado

En la clase del dos de mayo analizamos la primera parte del texto “La lucha” de Georg Simmel. Iniciamos la sesión con la ronda de preguntas y se cuestionó sobre el supuesto factor de unidad social que genera la lucha. Se preguntó si no era posible que, por factores externos, la lucha dejara de ser un factor de unidad social y se volviera una forma en la que la sociedad se autodestruya, poniendo como ejemplo a Ciudad Juárez. Se cuestionó incluso que la lucha, por sí misma, sea un factor de unidad, y se postuló que tal vez sea conveniente tener una cierta regulación sobre la lucha en sociedad. También se hizo una distinción conceptual entre la lucha subjetiva y la lucha objetiva; la primera corresponde al afán de la lucha por la lucha misma, es decir, que no se pelee por algo en específico, sino simplemente por derrotar al otro para mostrar superioridad, aunque sin destruirlo por completo; en cambio, en la lucha objetiva se pelea por un objeto o por algún objetivo, por ejemplo, entre dos abarroterías por el mercado de la cuadra.

Posteriormente, el profesor presentó su desarrollo de los temas comenzando con el planteamiento de por qué el conflicto se vuelve una forma de socialización. La lucha es considerada normalmente como un punto de escisión, esto es, un punto de ruptura. Parece que la lucha hace todo lo posible para romper la paz social y los lazos, pero Simmel postula que esto no es así, que la lucha constituye parte fundamental de la unidad social. En otras palabras, para Simmel, es necesaria la oposición (lucha) entre las diversas partes de la sociedad para que ésta se mantenga unida. Estos factores de división social son necesarios porque cumplen diversas funciones. En primer lugar, el estar en oposición da la sensación de no estar oprimido, es decir, que el estar en oposición ofrece una satisfacción personal porque se siente un margen de acción ante lo establecido.

En segundo lugar, porque la oposición crea unión al tener a un enemigo en común.  En México, por ejemplo, después de las elecciones del 2006, la sociedad se encontraba tan divida que se necesitaba un factor de unión social, un enemigo común que unificara a la sociedad y ese fue el caso del narcotráfico. Tal es también el caso de América Latina, ya que su único factor de unión es el enemigo en común: el Imperio (Estados Unidos). Creo que esto debemos tenerlo en cuenta respecto a la construcción de la identidad latinoamericana.

Después se pasó a la segunda parte de la exposición del profesor: la necesidad del antagonismo. El autor menciona que hay un equilibrio entre las fuerzas de unión y las fuerzas de oposición, de forma que ninguna de las dos predomina, se anulan mutuamente. Es importante siempre tratar este fenómeno entre fuerzas de unión y oposición con una unidad indivisible, que interactúan constantemente. Ocurre de la misma forma que un globo, para mantener su forma necesita tanto del aire interno luchando por salir como de su superficie que lucha por contenerla, en relación de estos dos elementos adquiere su forma. Los partidos políticos mexicanos no deben ser así analizados por separado, sino en función de los demás, porque la oposición entre ellos los une y están en constante interacción los unos con los otros.

En esta parte de la clase el profesor hizo una distinción conceptual que es fundamental y es la diferencia entre lucha objetiva y lucha subjetiva, explicada en el esquema que se manejó la sesión siguiente.

En la lucha objetiva se lucha por un objeto de deseo en común, por conseguir un algo que las dos partes desean. Pero en esta clase nos dedicamos más a estudiar la lucha subjetiva, que se trata de luchar por el puro acto de luchar. Hay en el individuo una cierta pulsión de hostilidad (Feindseligkeitstrieb, afán de luchar contra el otro). Simmel sostiene que esta pulsión proviene desde las mismas estructuras animales para la supervivencia del individuo. Porque parece haber un afán “natural” en el hombre por estar en contradicción con el otro, ya que al negarse ante los demás se crea una identidad propia. Este cierto espíritu de animadversión se manifiesta en un ejemplo cotidiano: nos es más fácil creer algo negativo de alguien que algo positivo. Cualquier puede decir algo negativo de un tercero y será recibido como verdad; en cambio, cuando alguien nos habla de algo positivo de un tercero es necesario que sea una cierta autoridad. Esto es clara muestra de nuestra inclinación a la animadversión.

lunes, 30 de abril de 2012

Resumen: Caillois, Los juegos y los hombres, I-IV

Roger Caillois, Los juegos y los hombres, la máscara y el vértigo, México, FCE, capítulos I, II, III y IV.

Resumen versión de Karina Palillero

I. DEFINICION DEL JUEGO

Callois plantea que Homo Ludens, obra escrita por J. Huizinga, no es un estudio completo de los juegos ya que carece de una clasificación y descripción de estos. En realidad, es una investigación sobre la fecundidad del espíritu del juego en el terreno de la cultura (particularmente de los juegos de competencia reglamentada), gracias a su análisis de las características del juego y la demostración de la importancia de su función en el desarrollo mismo de la civilización.

También encuentra que la definición del juego hecha por Huizinga es demasiado amplia: Para Huizinga el juego es una acción libre ejecutada “como si” y sentida como situada fuera de la vida corriente, realizada en cierto espacio y durante un tiempo definido, que puede absorber al jugador sin que obtenga ningún provecho o ganancia. En cambio, Caillois la delimita en dos puntos:
  • Existe cierta afinidad entre el juego y el secreto, misterios y máscaras, pero cuando estos desempeñan una actividad sacramental entonces ya no se trata de juego sino de una institución.
  • Considerar al juego como una acción desprovista de todo interés material excluye sólo a las apuestas y juegos de azar. Aunque el juego no sea propiamente lucrativo debido a que no existe una producción de bienes, durante este se da un desplazamiento de propiedad que afecta solamente a los jugadores. Los profesionales del juego, que reciben un salario como los futbolistas, no son jugadores sino hombres de oficio, así que no rompen con esta característica.
A partir de estas limitaciones podemos definir al juego como es una actividad  caracterizada por ser libre, separada de la vida corriente, incierta, improductiva, reglamentada y ficticia, con la particularidad de que estas dos últimas características se excluyen entre sí como se explicará más adelante.

1. Libre: Es una actividad libre y voluntaria porque le sirve al jugador para escaparse de la vida corriente de tal forma que se debe realizar cuando el jugador tenga ganas entregándose a él espontáneamente y sin ser obligado.

2. Separada de la vida corriente: Siendo una ocupación separada del resto de la cotidianidad debe ser realizada dentro de límites precisos de tiempo y de lugar.

3. Incierta: Su desarrollo no puede estar predeterminado y la duda sobre el resultado debe prolongarse hasta el final, pues de no ser así se perdería el interés; ejemplo de esto son los juegos de habilidad, como el ajedrez, que no divertiría si se sabe que alguien va a ganar sin esfuerzo e infaliblemente ya que la diversión se encuentra en la posibilidad de un fracaso del jugador.

4. Improductiva: El juego no crea ninguna riqueza u obra, en lo que se distingue del trabajo y del arte. Al final de la partida, todo puede y debe volver a empezar en el mismo punto. Es decir, solamente hay un desplazamiento de propiedades.

5. Reglamentada: Al realizarse dentro de cierto espacio y tiempo es necesario que en estos se sustituyan las leyes de la vida ordinaria por reglas precisas, arbitrarias e irrecusables, que es preciso aceptar como tales y que presiden el desarrollo correcto de la partida. Cuando existe un tramposo, este finge respetar las reglas aunque no sea así pero no destruye el juego ya que aunque las rompe proclama su validez con la intención de no ser descubierto. Quien destruye el juego es la persona que se niega a jugar denunciando lo absurdo de las reglas.

6. Ficticia: La acción es acompañada de una conciencia específica de la realidad secundaria o de franca irrealidad en comparación con la vida corriente. Es una característica propia de los juegos de representación.


II. CLASIFICACIÓN DE LOS JUEGOS

Caillois hace su clasificación de los juegos con base en  el predominio de un factor determinado como el de la competencia (Agón), el azar (Alea), el simulacro (Mimicry) o el vértigo (Ilinx). Estos grupos tienen dentro de sí distintos juegos que pueden situarse dentro de polos expuestos:

  • Paidia: Es el principio común de diversión, de libre improvisación y despreocupada plenitud mediante la que se manifiesta cierta fantasía desbocada.
  • Ludus: Es la necesidad creciente de apegar la paidia a convencionalismos arbitrarios, imperativos y molestos para dificultar llegar al resultado deseado.

a) Categorías fundamentales

Agon (competencia): Son los juegos que aparecen como una lucha en donde se crea una igualdad artificial para que los antagonistas se enfrenten en condiciones ideales (aunque no es del todo posible), con posibilidad de dar un valor preciso e indiscutible al triunfo del vencedor. Se trata de una rivalidad en torno a una sola cualidad (rapidez, resistencia, vigor, memoria, ingenio, etc.). Tenemos estos juegos al margen del mecanismo social como deportes. Ejemplos: fútbol, tenis, ajedrez. La motivación de los competidores será el deseo de que se reconozca su excelencia en un terreno determinado. Este tipo de juegos requiere entrenamiento, disciplina y perseverancia, puesto que deja solo al jugador  con sus recursos para aprovecharlos lo mejor posible.

Alea (suerte): En estos los participantes tratan de salir favorecidos por el destino, tienen la función de abolir las cualidades naturales o adquiridas de los individuos dejándolos en igualdad absoluta de condiciones frente a la suerte. La rivalidad consiste en que el vencedor ha sido más favorecido por la suerte que el vencido. Ejemplos: Los dados, cara o cruz, etc. Lo arbitrario mismo es el resorte del juego.

Oposición entre el agon y el alea: El primer caso es reivindicación de la responsabilidad personal puesto que requiere paciencia, habilidad y calificación para desarrollar una habilidad, mientras que el segundo anula esto debido a que se espera pasivamente la desgracia total o el favor absoluto del destino. Tenemos excepciones como los naipes o dominó que combinan al agon y el alea, puesto que la mano se obtiene por suerte y su uso es según la habilidad.

Mimicry (simulacro): Consiste en ser uno mismo un personaje ilusorio y conducirse en consecuencia. El sujeto juega a creer, a hacerse creer o hacer creer a los demás que es distinto de sí mismo. En estos juegos los disfraces o máscaras tienen como función cambiar la apariencia del portador y dar miedo a los demás. Entran aquí la representación teatral y la interpretación dramática. La mímica y el disfraz son los resortes complementarios de esa clase de juegos.
El mimicry no es reglamentado, sustituye esta característica la disimulación de la realidad y la simulación de una segunda realidad, el hacer “como si”.

Ilinx (vértigo): Reúne a los juegos que consisten en un intento de destruir por un instante la estabilidad de la percepción y de infligir a la conciencia lúcida una especie de pánico voluptuoso, es decir, los jugadores buscan aturdirse provocando la aniquilación de la realidad con brusquedad. Ejemplo: dar vueltas, los voladores de Papantla, juegos mecánicos.

b) De la turbulencia a la regla

Cuando el juego adquiere una existencia institucional las reglas se vuelven parte de su naturaleza, convirtiéndose en un instrumento de cultura fecundo y decisivo. Los juegos ejemplifican los valores morales e intelectuales de una cultura, además de contribuir a precisarlos y desarrollarlos.

III. LA VOCACIÓN SOCIAL DE LOS JUEGOS

Los juegos son menos individuales de lo que se cree, puesto que todos se juegan en compañía (aunque sea un conjunto de espectadores desconocidos como en el caso del alea) y porque permite a los jugadores medir su habilidad con otros (como es el caso del agon).

En ocasiones sucede que se rebasan los límites de jugadores y espectadores en los juegos por lo que se requiere una organización cada vez más desarrollada, con un aparato complejo así como un personal especializado y jerarquizado. A partir de aquí cada categoría del juego presenta aspectos socializados que se vuelven parte de la vida colectiva.

IV.  CORRUPCIÓN DE LOS JUEGOS

La corrupción de los juegos sucede cuando existe una relación o mezcla entre la vida corriente y estos, porque esto viola la característica del juego de encontrarse excluido o separado de las actividades cotidianas. La corrupción ocurre también cuando se mezclan las reglas del juego con las leyes de la “realidad”, por una delimitación poco clara. En esta circunstancia, los juegos adoptarán formas distintas e inesperadas.

Una vez corrompidos los juegos lo único que queda es la actitud psicológica que impulsa a preferir un juego por encima de otro. Estas actitudes distintivas son:

En el agon es la ambición de triunfar por el mérito solo en una competencia reglamentada; para el alea es la renuncia de la voluntad en beneficio de una espera ansiosa y pasiva del fallo del destino; en el mimicry es el gusto por adoptar una personalidad ajena y en el Ilinx el deseo de ver estropeados pasajeramente el equilibrio y estabilidad del cuerpo.

Cuando no se corrompe, el juego satisface esas actitudes de manera formal, ideal, limitada y mantenida al margen de la vida corriente, pero cuando estos instintos se sobreponen a la vida corriente, el placer se convierte en idea fija, la evasión en obligación, la diversión en pasión u obsesión.

En el caso de un tramposo no se corrompe el juego, ya que, aunque rompe las reglas, finge respetarlas y les da validez. Los profesionales tanto de juegos de agon como de mimicry no juegan.

En el agon, hay una perversión en el momento en que no se respetan las reglas y convenciones, lo que da pie a una competencia en la que la ambición tiene como única finalidad el éxito sin importar que se haga una lucha violenta sin aceptar las reglas y un arbitraje.

En el alea, hay corrupción cuando el jugador deja de respetar el azar y lo deja de considerar impersonal y neutro, es decir, se corrompe con la superstición pues se trata de influir en los designios de la fortuna o buscando señales.

La corrupción del mimicry ocurre cuando el simulacro es visto por parte el jugador o actor como algo real y cree la realidad del papel, disfraz o máscara. Se convence de que es el otro perdiendo su identidad. Los aplausos marcan el fin del juego o ilusión, la precisión de los límites impide la enajenación, esta se produce cuando no hay división franca entre la realidad y la ilusión, llegando a adoptar una segunda personalidad.

Pero la competencia, el azar y el simulacro están presentes en la vida corriente, sin embargo el vértigo no: su corrupción se logra cuando se utilizan sustancias químicas como drogas o alcohol para sentir los efectos de desequilibrio de la conciencia y cuerpo.

21.03 Definición y categorías de juego

Sesión 15
Texto revisado: Roger Caillois, Los juegos y los hombres, México, FCE, capítulos I-IV.

Bitácora versión de Karina Palillero

El día 21 de marzo la sesión comenzó con las preguntas sobre los apartados I, II, III y IV del texto Los juegos y los hombres escrito por el sociólogo francés Roger Callois. La primera fue si el ludus y la paidia están siempre presentes en todos los juegos. Existe una relación entre ludus y paidia, el primero entendido como la necesidad de crear reglas para manejar a la paidia (el jugar infantil) siendo esta considerada como el gusto por destruir. Por ejemplo: supongamos que hay un niño que juega a hacer como locomotora entonces su gusto por jugar estará apegado a la convención de hacer “como si”. Callois hace una conjugación del ludus y la paidia con los diferentes tipos de juegos:

Caballeros templarios juegan ajedrez (Libro de los juegos del s. XIII)
La relación del ludus con alea se ve en juegos como el solitario y las máquinas tragamonedas; el ludus con mimicry en los juegos de construcción de modelos a escala como aviones.

Pero no puede haber alianza entre alea y paidia por ser la primera pasiva ante el destino y la segunda una actitud creativa y activa, así como tampoco se puede dar relación entre ludus y ilinx por ser cálculo y convención el primero y arrebato puro el segundo; el ludus sólo procuraría neutralizar sus peligrosos efectos.

La segunda pregunta fue: ¿los juegos pueden ser al mismo tiempo de competición y de representación? La respuesta en este caso fue en dos sentidos.
Sí, porque existe una conjunción de agon-mimicry vista como que toda competencia es en sí un espectáculo. Un jugador no profesional de tenis juega por placer en un torneo y aunque para el se trate de una competencia para los asistentes será un espectáculo.  No, porque la competición requiere un efectivo involucramiento con el juego; en cambio un niño que juega a hacer como si jugara ajedrez estaría sólo simulando, mas no sería una competencia.

Con el planteamiento de la característica de ser libre el juego, surgió la pregunta de si en el caso de los juegos de los animales se puede hablar de libertad. Contestándose con otra pregunta ¿puedes ser libre sin saberlo? Desde el punto de vista de Hegel se habla de ser libre en sí o ser libre para sí, por lo que los animales al no poder ser libres para sí, esto es ser conscientes de su libertad, en sus juegos no se hablará de libertad en el sentido estricto, sino de una libertad “negativa” de jugar sin ser obligado.

A continuación se plantearon y desarrollaron cuatros puntos.
  1. Definición del juego en Huizinga y Caillois
  2. Categorías del juego
  3. Modos de jugar
  4. ¿En qué medida los juegos tienen vocación social y cómo se corrompen?

I. Definición del juego en Huizinga y Caillois

De acuerdo con Huizinga, el juego es una acción libre ejecutada “como si”, situada fuera de la vida corriente, realizada en cierto espacio y durante un tiempo definido, que puede absorber al jugador sin que obtenga ningún provecho. En cambio, Callois acota la definición de juego a los siguientes elementos:caracterizada por:

a) Libertad: puesto que no hay impedimentos para jugar, no se debe obligar a nadie a jugar ya que perdería esta característica y no es útil.

b) Separación con la vida corriente: Huizinga lo plantea como un círculo mágico, determinado en el tiempo y el espacio, en el que se realiza el juego. Para Callois también consiste en designar un espacio para realizar el juego y limitar el tiempo en que se desarrollará.

c) Incertidumbre: Esto va en el sentido de que debe haber y mantenerse una incertidumbre sobre el resultado del juego para que éste resulte divertido y angustioso, manteniendo así la atención de los espectadores, puesto que si se sabe de antemano quién ganará o si alguien resultará vencedor sin dificultad el juego perdería su atractivo. Por esta situación es que en los juegos de competencia (agon) se busca crear igualdad de circunstancias entre los participantes para que haya placer al ver cómo superan los obstáculos.

d) Improductividad: El juego no tiene un fin en sí porque en este caso ya no se trataría de juego. Desde esta perspectiva los llamados juegos didácticos no serían juegos en pleno sentido del término. Gianfranco Staccioli habla de la diferencia entre una actividad lúdica y una actividad ludiforme, un juego y algo que parece juego pero no lo es justo por carecer de esta característica de improductivo. Vemos que en el juego no hay una producción de bienes materiales pero sí un desplazamiento de propiedades. Por ejemplo: en un casino resulta beneficiado económicamente el dueño pero este no es un jugador, el jugador gana o pierde dinero en un juego de azar pero sólo hubo un cambio de manos del dinero, no la generación de un producto (o de plusvalor, como en el sistema capitalista).

e) Reglamentada o ficticia: Estas características son excluyentes una con otra.
En el espacio y tiempo en que se lleva a cabo el juego se deben establecer reglas para que se desarrolle lo mejor posible la partida. En el mimicry no existen estas reglas, sino que son sustituidas por la ficción: al hablar del “como si” se acepta una ilusión deslindada de lo real.

II. Categorías del juego

Caillois hace su clasificación según el predominio de ciertos factores, resultando cuatro categorías fundamentales de juego:

  • Agon o competencia
  • Alea o azar
  • Mimicry o simulacro, que retoma del mimetismo de algunos insectos (habilidad para confundirse o aclimatarse con el medio ambiente)
  • Ilinx o vértigo

III. Modos de jugar (paidia-ludus)

Paidia es el instinto de creación más destructivo e impulsivo que tenemos. Es de orden individual, se dará gracias el excedente de energía. El ludus consiste en la creación de reglas para manejar la paidia o el gusto por destruir. Cumple con la función de disciplinar el espíritu destructivo al reglamentar. Es de orden colectivo.

IV. ¿En qué medida los juegos tiene vocación social y cómo se corrompen?

Los juegos tienen vocación social a partir de su colectividad, donde en ocasiones se rebasan los límites de jugadores y espectadores en los juegos, por lo que se requiere una organización cada vez más desarrollada, con un aparato complejo así como un personal especializado y jerarquizado. A partir de aquí cada categoría del juego presenta aspectos socializados que se vuelven parte de la vida colectiva.

La corrupción de los juegos sucede cuando existe una relación o mezcla entre la vida corriente y estos, dándose una mezcla de las reglas del juego con las leyes de la realidad. De acuerdo con el tipo de juego será su corrupción al mezclarse con la vida corriente.

En el agon se da cuando no se respetan las reglas y convenciones, originando una competencia en la que la ambición tiene como única finalidad el éxito sin importar que se haga de manera violenta sin aceptar las reglas.

En el alea hay corrupción cuando el jugador deja de respetar el azar y lo deja de considerar impersonal y neutro, es decir, se corrompe con la superstición, pues se trata de influir en los designios de la fortuna o busca señales.

En el mimicry sucede cuando el simulacro es visto por parte del jugador o actor como algo real y no ilusorio, creyendo en la realidad del papel, disfraz o máscara. Se convence de que es el otro perdiendo su identidad.

El ilinx se corrompe cuando se utilizan sustancias químicas como drogas o alcohol para sentir los efectos del vértigo.

lunes, 23 de abril de 2012

Resumen: Veblen, Clase ociosa IV-V

Thorstein Veblen, Teoría de la clase ociosa, México, FCE, 1974, Capítulos IV y V.

Resumen versión de Mauricio Prado

IV. Consumo ostensible

En el estado casi pacífico surge una diferenciación entre las clases. El principio que rige es que las clases bajas deben consumir únicamente lo necesario para su subsistencia y sólo la clase ociosa es capaz de disfrutar de los lujos. Estos lujos consisten en consumir más de lo necesario, un ejemplo de esto es que sólo las clases ociosas pueden consumir las bebidas embriagantes y alimentos de mayor costo; incluso, en estas sociedades, los excesos son reconocidos como atributos viriles.

El consumo de cosas lujosas va encaminado a la comodidad del propio consumidor y es, por tanto, un signo distintivo del amo. Ese papel es el que juegan la servidumbre y la mujer, ser un signo de la ostentación del amo, es decir que los lujos con los que cuenta la mujer son muestra de la dignidad del hombre porque esto demuestra que tiene la capacidad económica para costearse esos lujos. Pasa lo mismo con la servidumbre: mientras mejores sean las condiciones de vida de la servidumbre más digno será su amo.

El caballero no sólo se limita a adquirir bienes de consumo para mostrar su ociosidad, sino que también debe tener ciertos refinamientos que lo tengan a la altura de su posición, es decir que también se muestra la ociosidad del individuo mediante ciertos comportamientos refinados, tales como tener buenos modales, o conocimientos de arte y literatura. Poseer estas refinaciones significan que el individuo tuvo que invertir una cierta cantidad de tiempo para desarrollar estos conocimientos o actitudes. En suma, la vida de ocio debe ser llevada de modo debido.

Otra forma en la que se aumenta la reputación del caballero ocioso es por medio de fiestas y diversiones caras. Es posible que el papel de las fiestas en un principio tuviera fines religiosos pero después adquirió el carácter de mostrar la ostentación del anfitrión. Una muestra muy tangible de este hecho es la ceremonia del Potlatch: en ella un competidor hace grandes despilfarros y alarde de riqueza que el contrincante se ve obligado a superar. Sin embargo, estas estructuras mentales siguen presentes y por eso hoy en día se obtiene reconocimiento al ser un gran anfitrión.

Conforme se acumula riqueza, se va desarrollando cada vez más la clase ociosa y surge una diferenciación dentro de ella, según la cual se crea un sistema de jerarquías donde lo importante es que existan símbolos que marquen la posición de cada individuo en la sociedad. Este es el caso de las clases medias, que adquieren un cierto honor al hacer trabajos serviles a aquellos que tienen una gran reputación. Podemos decir que hacer ciertos trabajos no dignos (de producción o manuales), mientras sea a un personaje de un estrato superior, son una forma de escalar en la estimación popular. Y es en estos casos donde se ve con mayor claridad la emulación de la clase alta. En toda clase se busca aparentar pertenecer al grupo superior para obtener una reputación. El hombre trabaja así en ciertos estratos, no tanto para que él se muestre ocioso, sino para que su mujer muestre su gran ociosidad, es decir que el hombre trabaja para aparentar un nivel de vida superior al que posee y así conseguir prestigio: por ejemplo, ir a sitios caros, exhibir la mejor vestimenta y demás lujos, muchas veces excesivos por referencia a las condiciones económicas de quienes la practican.

Así podemos ver en la actualidad dos formas de mostrar la ostentación: una es mediante la posesión de bienes lujosos y la otra es mediante el derroche de tiempo en adquirir ciertos comportamientos o conocimientos. Podemos notar que cuando el grupo de personas es pequeño, la posesión de bienes de consumo resulta ser más eficaz, ya que, como es un lugar pequeño todos saben quién posee grandes bienes y así otorgarle honores, pero en las grandes ciudades es difícil que todos conozcan el nivel de ociosidad de un individuo, es por eso que en este escenario sea de mayor efectividad aplicar las dos estrategias para mostrar superioridad, tanto el derroche de tiempo como el consumo de bienes de consumo. Podemos apreciarlo en lugares públicos, como la iglesia, los centros comerciales y demás lugares concurrentes, donde se busca siempre ir con “lo mejor que se tiene” para mostrar a la sociedad su nivel de ociosidad. Es también importante señalar que la población urbana invierte una mayor cantidad de sus ingresos al consumo ostensible. Podríamos decir que esto se debe a que en la vida urbana es más difícil hacer notar el ocio que en la vida rural, pues en esta última la población es menor y por lo tanto es más fácil ubicar el prestigio de los demás.

V. El nivel pecuniario de vida

Es difícil pasar de un nivel alto de vida a uno menor. Esto sucede porque el individuo está acostumbrado a ciertos artículos de consumo, que aunque tengan únicamente fines honoríficos han llegado a convertirse en una necesidad para la persona. Sin embargo, es difícil esta retrogradación: es relativamente fácil, en cambio, un nuevo avance en el gasto ostensible. Ocurre como cosa natural por la emulación económica. Esto quiere decir que todos tratan de emular o igualar a la clase superior a ellos, y nunca se trata de emular a una clase inferior. Así podemos deducir que la clase a la que todos buscan emular es la clase más alta, es esta élite la que determina lo que es decoroso u honorífico; son ellos los que determinan los valores modelo de una sociedad y es con esa vara con la que se mide a los demás.